Expedición Trans-Africa
15 mil kilómetros de desiertos

Por: Dexi Argüelles
Fotos: Javier Mesa

        Desde tiempos inmemoriales, África ha representado un gran reto para los expedicionarios. Las dificultades para desembarcar en sus costas, cuando solo se navegaba a vela, y pese a que solo 13 kilómetros, en la parte más angosta del estrecho de Gibraltar, la separan de Europa, los Montes Atlas y el inmenso desierto del Sahara han sido siempre grandes obstáculos para los viajeros.

        En 1488 Bartolomé Dias fue el primer navegante en llegar al Cabo de Buena Esperanza. Posteriormente, entre 1497 y 1498, Vasco de Gama fue el primero, en la historia moderna, en navegar alrededor del continente.

Oasis en Mauritania        Durante el siglo XVIII se hicieron grandes descubrimientos.  Jacobo Brucce llegó en 1770 a las fuentes del Nilo Azul, siguiendo el curso hasta la confluencia con el Nilo Blanco. Entre 1796 y 1805 el Níger fue explorado por Mungo Park, pero no fue sino hasta mediados del siglo XIX que se intensificaron las exploraciones en el continente negro. Entre 1822 y 1824, una expedición, comandada por Hugo Clapperton cruzó el desierto del Sahara. En 1826 A.G. Laing llegó hasta Tombuctú, ciudad a la que llegó por río en 1828 René Caillié. Conocidas son las exploraciones de Enrique Barth, David Livingstone, Henry Morton, y otros.
 

Equipo Pro Eco Global en la entrada de la ciudad de Djenné, totalmente edificada en barro         En esta oportunidad  Tony Velázquez, se adentró en los territorios de Mauritania y Mali. Viajaron con Velázquez, Carlos Massielo y Antonio Piazza como copilotos; y como personal de apoyo Alberto Monsalve, piloto  del segundo vehículo, y Rafael González y Javier Mesa como camarógrafo y fotógrafo respectivamente.

        He aquí un resumen de este interesante recorrido de 15 mil kilómetros a través de territorios desérticos.

        Tomaron un vuelo Caracas, Nueva York Madrid, y de allí fueron a Valencia en tren. Llevaban muchísimo equipaje, por lo que el patrocinio de la línea aérea Continental fue de especial importancia. En España, retiraron el Hummer de la aduana. Con solo mostrar el pasaporte les entregaron el vehículo. Impresiona la sencillez con la que se retira un vehículo de la aduana. El vehículo salió en media hora. Retiraron el resto del equipaje.

        Embarcaron hacia Tánger, allí también los trámites aduanales son muy efectivos, pues la mayoría del papeleo se hace en el ferry.  Desembarcaron y comenzaron a rodar hasta Rabat. Allí con el apoyo de la embajada de Venezuela, realizaron los trámites para la documentación que requerirían en los próximos países a visitar. Lo más difícil fue la emisión de la visa para entrar a Mauritania, pues es un país que tiene muchos conflictos fronterizos. Es en Mauritania, donde se centra una gran parte de las experiencias de  los expedicionarios venezolanos.

        Sacar esa visa tómo unos 10 días,  pues hubo mucha oposición por ser latinoamericanos. En esos días fueron hasta Marrakech, donde hicieron una pequeña escalada hasta Tiskay, monte perteneciente al Gran Atlas., donde encontraron cascadas increíbles que bajaron en canoas al estilo rapel.

        La comida, en Marruecos, es bastante fuerte, muy picante Uno de los expedicionarios comió cuscus, porque estaban hambrientos cuando bajaron la montaña, y la comida lo afectó tanto que al día siguiente no pudo continuar la escalada. Se devolvieron dos personas y los otros continuaron hasta la cima.

        Retornaron a Rabat, donde ya las visas estaban listas. De allí en adelante comenzó verdaderamente la expedición por el desierto.

        Mientras cruzaron el territorio de Marrakech, cada tanto tiempo, aparecía una alcabala en la que había que suministrar todo tipo de información. Las autoridades hacen un extenso interrogatorio, pues el paso hacia Mauritania está muy controlado, mientras que al regreso no hay ningún tipo de control.

        Cuando llegaron a El-Aajún  tuvieron la suerte de encontrarse con unos marines de la UN (Naciones Unidas), les explicaron que venían de Venezuela, y ellos los escoltaron hasta el centro de la ciudad. Donde fueron muy  bien atendidos. La ciudad luce un tanto agresiva. Hay muchos militares. Prácticamente la ciudad está tomada por las fuerzas de las Naciones Unidas. Allí todo depende de las UN.

        Al día siguiente cargaron agua potable y partieron hacia Daskhla que es la última ciudad antes de llegar a la frontera. Desde allí un convoy militar los trasladó hasta el último punto fronterizo.

        En Mauritania los trámites son complicados. Hay que ir a la policía, a la aduana y pasar por el control de los pasaportes. Ellos decomisan los pasaportes. Todo el trayecto es difícil, porque con el convoy vienen personas de diferentes nacionalidades, expedicionarios que van al Sahara, en diferentes tipos de vehículos y muchos de ellos se quedan pegados, por lo que se pierde mucho tiempo ayudándolos. Hasta que todos los vehículos no están en condiciones de continuar el convoy no se mueve.

        El viaje dura todo el día. Se llega a un punto donde se pernocta. Allí devuelven los pasaportes y al día siguiente el grupo es escoltado hasta una zona alambrada. Se comienza a transitar un trecho de unos 10 kilómetros en  “territorio de nadie”. Las recomendaciones son claras y precisas: “no te salgas del camino”. Toda el área está minada. Se van viendo de lado y lado los restos de vehículos que se salieron del camino y pisaron alguna mina. Tras ese recorrido se llega verdaderamente a la frontera de Mauritania. Ellos atienden primero a los saharahuí, que son los habitantes de esos territorios en reclamación, y luego vienen el resto de los visitantes. En eso transcurre prácticamente todo el día, pues llegan a las 11 de la mañana y apenas se recorren unos 200 kilómetros para llegar a eso de las 6 de la tarde a la ciudad.

        Cuando se entra en Mauritania a los visitantes les decomisan los pasaportes, los documentos del   vehículo y se debe declarar exactamente la cantidad de dinero que se tiene, incluyendo todo tipo de monedas, ya sean dólares, pesetas, bolívares, etc. Esto lo hacen para evitar la circulación de dinero en el mercado negro. Cualquier dinero que se vaya a cambiar hay que hacerlo a través de un banco y exigir el respectivo recibo, porque la policía controla estrictamente el dinero de los visitantes. Dos expedicionarios tuvieron algunos inconvenientes para salir, porque cuando fueron a retirar el equipaje de la aduana les cuestionaron el exceso de peso y tuvieron que pagar ilegamente, por lo cual no había manera de justificar el dinero faltante. Tras mucho discutir por más de una hora finalmente los dejaron salir.

        La visa que habían conseguido para Mauritania, era válida para una sola entrada, por lo cual tuvieron que pagar nuevamente, porque lógicamente tendríamos que regresar por el mismo camino. Es una lástima que la burocracia haga tan difícil la entrada al Sahara por esta parte, pues por Marruecos es fácil y están más acostumbrados al turismo.
Oleada de dunas entre Nouakchott y Kiffa, Mauritania
        Por Mauritania pasa muy poca gente, porque en realidad su única belleza son las dunas. Su gente es muy dulce, pero  todo es muy difícil. Desde Nuadibú se hizo el recorrido del desierto vía costa,  hasta Nuakchott, que es la capital de Mauritania, donde solo pernoctaron una noche.

        Cuando se transita por estas rutas sólo se puede viajar entre las once la de la mañana y las cuatro de la tarde. Se viaja siempre pegado de la playa. La duna termina en el agua, y solo se puede pasar cuando ha bajado la marea. De hecho el grupo llegó un poco tarde y tuvo que dejar la ruta antes de tiempo porque ya el agua se confundía con la duna. Hay quienes salen y duermen en la duna hasta el día siguiente. Pero el grupo venezolano decidió continuar por otro camino.

        Viajaron cerca de tres horas por una supuesta carretera que no era tal, pues desde que se sale de Marruecos hay que olvidarse de que se encontraran carreteras.  Al día siguiente continuamos hasta llegar a Kiffa, con una sorpresa muy particular. Los planos indicaban que transitarían una vía pavimentada, pero resultó el peor trecho en toda la expedición. En esta ciudad también durmieron solo una noche y al día siguiente emprendieron camino hacia la frontera con Mali.

        Llegaron a Timbédra, un pueblo humilde con calles de arena y rasgos propios de un pueblo sahariano. Estaba anocheciendo. Era un poco tarde, pero una vez sellados los pasaportes el señor que estaba allí, les indicó que tomaran la ruta hacia la derecha. “Encontrarán varios caminos, pero cualquiera que tomen los llevará a Mali”.

        Son 170 kilómetros que normalmente se cubren en 14 horas. Fue un pedazo muy duro muy fuerte porque el vehículo de apoyo se pegaba muchísimo y dio mucho quehacer, porque había que remolcarlo constantemente. Los radios facilitados por Motorola contribuyeron a que no se perdiera la comunicación. El agotamiento fue tal que Tony Piazza se pasó al Hummer y dijo “Yo no aguanto más” y sin agregar ni una sola palabra se quedó dormido de inmediato. Rodaron una hora más. Eran como las 2 de la madrugada y todos estaban muy, pero muy, cansados. Alberto Monsalve, quien conducía el vehículo de apoyo, alcanzó al Hummer y dijo “Vamos a dormir”. Bastó un “Okey”, para que se quedara dormido sin ni siquiera soltar el volante.

        En estos territorios no existen fronteras. Entre Mauritania y Mali la frontera es imaginaria. Solo al día siguiente se dieron cuenta que estaban en Mali, porque vieron gentes vestidas de una manera diferente, con ropas que ya no eran como las de Mauritania. Otro rasgo que indica que se está en Mali es que comienzan a verse las mujeres, algo que no se ve nunca, mujeres vestidas con trajes muy coloridos. También las viviendas son totalmente diferentes. La gente de allí, el nativo, es muy amable.

        Una vez conformada la documentación en Nioro du Sahel continuaron en ruta hacia Bamako, la capital de Mali, por una carretera muy complicada. Fueron unos 600 ó 700 kilómetros, que también aparecen como asfaltados en los mapas, pero que realmente dejan mucho que desear. Hay un consorcio franco-italiano, del cual hasta vieron el campamento, trabajando en la reconstrucción de esta vía. Están reconstruyendo con granzón, pues para ellos el asfalto es sumamente costoso.

        En Bamako los vehículos fueron revisados y se hizo el primer servicio y cambio de lubricantes al Hummer. De Bamako salieron por una carretera bastante transitada y en buenas condiciones si se le compara con lo que se había pasado. Llegaron a Mopti, y allí acamparon en un taller mecánico. Para todos fueron días muy agradables, porque tuvieron buena comida, fue el lugar donde pudieron dormir más tranquilos, se bañaron, pues teníamos un pozo particular para ellos. Acamparon en el taller porque allí fueron a dar con el vehículo de apoyo que venía presentando muchas fallas.

        De Mopti partieron a lo que consideran el punto más alto de la expedición, el llamado país de Dogon o territorio de la tribu de Dogon, donde se encuentra la mezquita hecha en barro más grande del mundo. En estos lugares lo primero que hay que hacer, cuando se llega, es ir a la policía a sellar los pasaportes. Primero fueron a Dogon, sin duda el lugar más espectacular desde el punto de vista fotográfico, por el despliegue de colores que brindaron particularmente a través de una danza milenaria que tiene los indígenas de Dogon.

Danza ritual de la tribu Dogon en Mali        Lo más interesante de Dogon es su situación geográfica, pues está en la base de unos acantilados, de unas formaciones similares a los tepuyes venezolanos. Es una formación geológica que se supone que es una continuación de la formación Roraima de hace miles de años cuando África y América estaban unidas. Se cree que esto puede ser cierto porque los tepuyes son exactamente iguales a los venezolanos. El contraste está en que aquí lo tepuyes no están agrupados sino que se encuentran dispersos por la Gran Sabana. En Mali, por el contrario, hay una cadena de aproximadamente 80 kilómetros de largo. En la base se encuentran pequeños pueblos Dogon, de unos 500, 600 o 700 habitantes, y son aproximadamente unos treinta y cinco poblados. Ellos habitan en la base de esas paredes de unos 600 metros, y lo interesante es que los dogon no entierran a sus muertos, sino que cuando solo quedan los huesos, trepan por esos acantilados, de una manera casi inexplicable, pues no tienen cuerdas, y colocan esos huesos en una especie de tumbas de barro que están al borde de los acantilados.

        En la noche asistieron a una danza donde se utilizan los instrumentos típicos, como tambores y flautas, hechos de pan, madera y otros materiales. Los bailes se realizan en lo que puede decirse es la plaza central de cada pueblo, que se caracteriza por tener un árbol en todo el medio, y alrededor de este árbol se concentraba la danza. Al día siguiente en la mañana también hubo bailes. Durante la danza cada bailarín representa un animal típico de África y de otros lugares, a pesar de que en esa zona casi no hay animales, pues la fauna africana está más hacia el sur. La representación se hace con máscaras de madera totalmente talladas mano, con figuras de animales, como jirafas, cebras, águilas y otros. Son máscaras muy pesadas y los danzantes tienen mucha fuerza en el cuello, pues deben inclinarse casi hasta tocar el suelo y luego en un movimiento armónico prácticamente impulsar su cabeza desde abajo hacia atrás, portando esa pesada máscara. En el caso de la jirafa era algo extraordinario, pues la máscara debía pesar fácilmente unos 10 kilos. Todo esto hizo que el viaje al Dogon se convirtiera en una agradable experiencia, pese a las dificultades de la vialidad.

        Las escaladas a los tepuyes se facilitaron con el trabajo que hacen los indígenas, que trazan a mano caminos y escaleras en esos riscos que son paredes verticales. Las viviendas en estas tribus no son comunes, sino que hay pequeñas casas de barro. Estas viviendas se caracterizan por tener una sola puerta y ventanas pequeñas, pues las personas entran por esas ventanas y  sólo a los espíritus les está permitido ingresar a través de la puerta. Tienen una gran habilidad para tallar la madera, y todas las ventanas están talladas con figuras de animales y personas, con un arte realmente extraordinario. Muchas de ellas son antiguas. En estas tallas se cuenta la historia de la familia, cuántas personas componen la familia, si tienen o no caballos, si han tenido que luchar con otra familia o no. Todo lo que tiene que ver con el historial de la familia está en esas tallas de las ventanas. De igual manera se practica la difusión de la historia de la familia en el momento en que se saluda. Siempre que el guía que los acompañaba se encontraba con alguien conocido o con cualquier persona, al saludar tenía que contar toda su historia, y podían pasar tranquilamente hasta 15 minutos averiguándose mutuamente todo sobre sus familias, si habían estudiado, si había nacido alguien, si había muerto alguna persona. En cada saludo se cuentan lo acontecido por lo menos en los últimos cuatro años de sus vidas. Y ello se hace igual si los que se encuentra es un grupo de indígenas, lo que significa que es posible que pasen todo el día solo contándose sus respectivas historias. Los habitantes de Dogon son atacados con frecuencia por los tuareg, y su forma de defenderse es correr y escalar esos riscos. Esta visita, y el retorno, fue el punto más alto de la expedición.

Indigenas de la etnia bambara regresan en curiaras sobre el río Niger, de la ciudad de Tombouctou en Mali        La próxima ciudad a visitar era  Tombuctú, donde llovió muchísimo. El río Níger estaba muy crecido. Los expedicionarios siguieron por tierra y durante cuatro días transitaron por los peores caminos. No fue sino hasta el final que se enteraron que había oportunidades para ir por barco.  Un señor les explicó que podían ir a Tomboctú  en barco y al día siguiente se montaban en otro barco para regresar. Y así lo hicieron.

Hummer frente a la mezquita de la ciudad de Djenné, esta es la mezquita de barro mas grande del mundo        En Tomboctú está la más grande y antigua mezquita del mundo hecha en barro. Llegaron justamente un día después de las lluvias y el pueblo estaba terminando de reconstruir toda la mezquita. El pueblo repone el barro de la misma. Cuando llegaron al centro de la mezquita, vieron como los nobles de la ciudad estaban sentados a un lado observando el trabajo de reposición del barro. Iniciaron la filmación y las tomas fotográfícas. Sólo una persona se molestó,  y comenzó  a gritar y gritar, pero los demás lo único que hacían era mirarlo. Un expedicionario siguió de largo hacia la fila de gente que estaba agarrando lodo para ponerlo en la mezquita y durante unos tres minutos también cumplió con esa tarea.

        Los indígenas querían que todos se llenaran de barro, pues el barro purifica, pero lógicamente el camarógrafo y el fotógrafo se rehusaban a hacerlo por razones obvias.

        En Tombuctú se fueron al mercado, famoso todas las historias que cuentan los mercaderes que vienen del Sahara. En esta ciudad termina el mar de arenas y comienza a aparecer la vegetación. Teníamos una gran expectativa, pero lo único interesante fue esa visita al mercado, donde lo que más se consigue son mercaderes contando historias. Allí hay profesionales en contar historias.

        Días después, marcharon hacia Déjenee. Para llegar allí tenían que cruzar un río, para lo cual era necesario utilizar una chalana. Allí se juega con el comercio de ese medio de transporte. A cada quien se le cobra lo que le parece al chalanero. A la ida pagaron 8 mil en moneda local, y al retorno llegaron temprano en la mañana y como no estaba el dueño de la chalana, el chalanero les cobró 2.000.  En Déjenee es donde está la mezquita más grande del mundo hecha en barro. El ingreso a la mezquita se vio frustrado porque, lamentablemente, alguna vez, turistas de otros países la invadieron e hicieron una fiesta allí adentro. Ello provocó una prohibición a los extranjeros para ingresar al templo.

        Al llegar a esta ciudad los guías le caen a los turistas como buitres, pues están acostumbrados a atender los visitantes que llegan por avión. Aquí la policía le exige a los visitantes que contraten los servicios de un guía. Un viejito se molestó porque los venezolanos no querían contratarlo como guía y casi les pega con un palo. Al final llamaron a la policía para que interviniera.

        Se alojaron en un hotel que se suponía era “cinco estrellas, pero en realidad era un menos cuatro”. Contrataron un guía para que acompañara al fotógrafo y al camarógrafo. Apenas comenzaron a caminar, los otros, inmediatamente un niño, que tenía un defecto en una pierna, decidió seguirlos. Este niño los llevó por toda la ciudad y les mostró todas las casas. Allí las casas tienen las cloacas externas, así que cualquiera puede imaginarse  los olores, y el seguimiento de las moscas.

        El muchacho los llevó a las terrazas de la ciudad y al colegio. Allí los niños escriben en unas tablas que son sus cuadernos. A ellos se les enseña a escribir y leer el Corán en esas tablas. Cuando regresaron al hotel, el niño se quedó afuera, lo invitaron a entrar pero les dijo que no, que él no podía entrar. Asumieron la responsabilidad, pero el vigilante del hotel confirmó que no, que el niño no podía entra. Al final el muchacho pudo entrar y sentarse con los expedicionarios, que le ofrecieron uno de los refrescos que habían llevado. El niño contó que nunca se había tomado un refresco, y que solo los conocía porque una vez, cuando era muy pequeño tuvo la oportunidad de tomar un sorbo.

        En la noche durmieron fuera del hotel, porque era más limpio dormir fuera que quedarnos en el hotel. El niño los condujo hasta un sitio adecuado para acampar. Así fue. Lamentablemente en la noche llegaron al campamento los de la mafia de los guías y les reclamaron que cómo era posible que estuvieran usando un niño que no era guía oficial. Decidieron llevar de vuelta el niño al pueblo. Todos lloraban pues se habían encariñado mutuamente.

        De Déjenee emprendieron el retorno. Cruzaron por un trecho donde no se para nadie, pero como llevaron juguetes de piñatas para obsequiar a los niños, se detuvieron y vino un buen número de ellos. El fotógrafo y el camarógrafo decidieron bajarse y dar una vuelta por el poblado a ver si conseguían algo interesante.

        La sorpresa fue mayúscula. Cuando estában en la plaza del pueblito, de repente voltearon y se dieron cuenta que estaban unas 20 mujeres fuertes y grandes observándolos. Se quedaron mirándolos, y de pronto comenzaron a sonar los tambores y esas mujeres comenzaron a bailar y montaron una fiesta. Fue una reacción que no se esperaban, porque, por lo general, en esos pueblos detestan las cámaras. Pese a que el fotógrafo no sabía bailar tenía que hacerlo, sin parar de tomar fotografías, pues el vestuario de las mujeres malineses es muy colorido y atractivo. Era un desfile de colores que contrastaba fuertemente con el oscuro color de su piel. Los dos hombres bailaron con poco más de 30 mujeres, que estaban trabajando y dejaron de hacerlo para incorporarse al baile.

Hummer frente a arbol milenario baobab  capaz  de almacenar miles de litros de agua para el verano        Tras la pausa, a la salida de Déjenee, continuaron viaje hacia Bamako, de donde regresó por vía aérea uno de los expedicionarios. Continuaron viaje hacia Nioro, tomando la interminable carretera de 160 kilómetros, que fueron peores que a la ida. Pues antes se recorrieron de noche, y ahora lo hicieron de día. Vivieron el momento más tenso del viaje. Perdieron contacto con el compañero del vehículo de apoyo. El contacto se perdió porque en el vehículo de apoyó se agotó la batería de lso equipos de comunicación. Transcurridos 40 minutos sin verlos de nuevo la tripulación del Hummer decide regresar, pues se imaginan que se habrán quedado pegados. Los buscan pero no  los encuentran. Regresan de nuevo, y es aquí cuando se pone de relieve la experiencia de un expedicionario. El expedicionario real no tiene pánico, piensa como el resto de su gente, programa, pide opinión a los compañeros y actúa en consecuencia. Como el objetivo era cruzar las arenas y llegar a la vías asfaltada. Se desplazaron hasta allá y allí decidieron esperar. Mientras los buscaban hubo un momento en que  ellos transitaban por una parte donde hay un declive de una duna y también algunos arbustos, que impidieron que los vehículo quedaran a la vista uno del otro.

        Les preguntaron a la gente pero nadie los había visto. Hablaron con la policía y dijeron que era mejor esperar. En efecto cuatro horas más tarde llegaron. Se pegaron varias veces, pero fueron auxiliados. Aquí la presión psicológica fue muy fuerte, pues fueron más de tres horas sin saber donde estaban. Se sabe que hay varias trillas, así que de tiempo en tiempo se bajaron para ver las huellas que habían en la arena, aunque muchas veces se habían borrado.

        Debido a la avanzado de la hora y a lo agotado que estaban se instaló un campamento y durmieron allí. Al día siguiente tenían que llegar hasta la ciudad donde les sellarían los pasaportes. Les dijeron que podrían sellarlos en un pueblo muy cercano, que estaba a unos 30 kilómetros, los cuales se convirtieron en un trecho de 400 kilómetros. Al día siguiente sellaron los pasaportes sin problemas y se desplazaron hasta Kiffa.

        De regreso se quedaron en un hotel. En esta oportunidad tuvieron la suerte de asistir a un matrimonio mauritano. Fueron invitados por el gerente del hotel. Nunca vieron a la novia, porque estaba toda tapada. En la celebración hay música, cantos y todo lo demás. Primero entran las mujeres, salen y entran los hombres. Esta era una gran celebración, y era el acontecimiento de la ciudad. Las bebidas que se ingieren en este tipo de ocasiones son leche de camella, cocacola y agua. En esta ciudad vendieron el vehículo de apoyo, ya que algunos de los expedicionarios regresarían por avión. Y solo tres integrantes Tony Velázquez, Javier Mesa y Carlos Masiello emprendieron el cruce del desierto.
Ciudad de piedra en Chinguetty, construida hace 4 siglos en el Sahara Mauritano
        Subieron hacia los desiertos de Chingetty y Atar, donde el paisaje se ve embellecido por el color dorado de las dunas, aunque hay varios colores de dunas. En Atar se hicieron amigos del alcalde y organizaron una pequeña expedición en camellos que duró dos días.

        A partir de entonces comenzamos a confrontar problemas para cruzar la frontera y continuar el regreso. Tomaron la ruta del tren que es el tren más largo del mundo, con 3 kilómetros de vagones, que hace un recorrido de unos 700 kilómetros. En cualquier lugar que se acampe en esa parte del Sajhara se escucha el paso del tren. A la ida el cruce de la frontera les tomó un día y medio, mientras que para regresar a Marruecos les tomó cuatro días.

        Los mayores inconvenientes son los campos minados de Mauritania. Además,  si la patrulla mauritana te encuentra automáticamente ametralla al vehículo y aunque se tenga un carro blindado disparan detienen el vehículo y le quitan al viajero todo lo que lleve, y después lo dejan pasar a Marruecos. De tal manera que lo mejor es buscar la manera de salir clandestinamente, para entrar legalmente a Marruecos. Eso hace que se pierda mucho tiempo, acampando, esperando y compartiendo con los habitantes de la zona. Contaron con un buen guía que les fue indicando la mejor manera de pasar.

Hummer en las dunas de Arguin, Mauritania        Iban por el desierto y de pronto el guía hacía detener el vehículo, se bajaba y colocaba unas marcas, pues él tendría que regresar solo caminando de noche. Para el retorno es más largo, ya que se esconde de día y camina de noche. El nos acompañaba y nos orientaba. En algún momento nos detuvimos y el fotógrafo se bajó para hacer algunas tomas, al saharahuí “casi le da un infarto”. Comenzó a gritar como loco, que se subiera, que se subiera porque la vida de todos corría peligro. En el medio de las dunas, el guía los hacía atravesar por arenales que lucían impenetrables, pero él conocía bien el terreno. Hay varias vías para salir, pero el guía tomó la que consideraba más conveniente, pues íban del este hacia el oeste, siguiendo toda la ruta del tren que está justo en la frontera.

        Siguieron hasta llegar a  Nuadibu, cerca de allí está todo lo que es el paso del kilómetro 61, donde se debe salvar todo el campo minado. Hay pequeñas pistas, y aquí hubo que afinar las medidas cada 10 metros con el GPS para evitar cualquier error. Es muy peligroso el recorrido y a la vista de los vehículos volados se agregan las historias que va contando el guía, que si aquí murieron tantas personas, que si éste voló el año pasado y así por el estilo.

        Los expedicionarios venezolanos debían ingresar a Nuadibu para cargar combustible. Esta es una ciudad mauritana pero tiene una especie de frontera. Al entrar a la ciudad les quitaron los documentos del vehículo, el pasaporte y todos los documentos, que podrían retirar cuando salieran al día siguiente. Allí conseguimos una persona que inclusive nos dejó pernoctar en su propio campamento. Al día siguiente antes de partir llenaron todos los tanques.

        A la salida retiraron los documentos y  les entregaron los pasaportes sellados, pero no los papeles del vehículo. “Los documentos están en la frontera. Vayan a la frontera que allá se los dan”. Es domingo y día festivo. El trayecto hasta la frontera son 10 kilómetros, pero 10 kilómetros de dunas. Al llegar, los puntos de control están separados. Primero está la aduana, como a 20 metros está la policía y más adelante los militares. Todos en unos ranchitos de piedra y madera. A la policía tenían que pagarle para que los dejaran salir, pues ya sabían que se dirigían a Marruecos, aunque los expedicionarios aducían que solo llegarían hasta Atar. Ellos lo sabían porque el grupo tenía un gran guía. Pagaron a la policía y avanzaron.

        Se detuvieron en la aduana para retirar los documentos del vehículo. “Los documentos están aquí, pero  no se los entregaremos hasta que no traigan un papel firmado por el jefe de la aduana”. Explicaron que son 10 kilómetros de recorrido pero que se convertirían en 30 si tuvieran que volver a la ciudad. No hubo forma de persuadirlos. Regresaron a Nuadibu, buscaron al amigo donde pernoctaron, quien muy diligente buscó al jefe de la aduana: “Sí yo les puedo dar el papel, pero cuesta 2000, pero como hoy es domingo son 4000 y como es día festivo serán 6000”. Obtuvieron la autorización para salir de Mauritania hacia Marruecos por la aduana.

        En el punto de control pasaron la policía que ya la habían pagado, retiraron los papeles de la aduana y  continuaron hasta el punto de los militares, éstos les quitan los pasaportes los revisan y dicen: “Ustedes van para Marruecos”. El guía recomendó no responder nada. Solo hablaría él. Comenzaron a discutir. De pronto los militares se plantan frente al vehículo, los apuntan con las armas y les ordenan que regresen. “Ustedes no salen de aquí sin un permiso militar para viajar a Marruecos”. El guía recomendaba no digan nada. No se muevas. Frente a ellos las ametralladoras y el alambrado de la frontera. Todos los miraban. El guía insistía en que no debían retroceder ni un milímetro. No te muevas de aquí. Allí estuvieron espera y espera. De pronto uno de los militares se fue hacia la parte trasera del vehículo y comenzó, en árabe, una discusión a gritos con el guía. La discusión era cada vez más fuerte.

        Llegó un momento en que se acercaron y les preguntaron; “¿de dónde vienen ustedes?”. De Venezuela. “¿Dónde queda Venezuela?”. En América Latina. “Pero, ¿dónde?”. En un plano se les indicó: ustedes están aquí y nosotros estamos aquí. “Y, ¿cómo hicieron para llegar hasta aquí?”. Bueno, en barco. “¡Ah., está bien!. ¡Que tengan un buen día!. Nos entregan los pasaportes. “¡Váyanse!”. Retiran todas las barreras y los dejan pasar, con sonrisita incluida.

        Ahora podrían continuar, pero aún estaban en la zona minada. A poco se econtraron con algo que les resultaba increíble. Una van muy vieja, tripulada por una pareja con ocho niños, enterrados en la arena. Los ayudaron y los sacaron de allí. Todos se preguntaban ¿qué hacía esa familia allí, en medio de un campo minado?. Su intención era cubrir la misma ruta que ya habían cumplido los expedicionarios venezolanos. El guía se preocupó mucho por ellos, pero había que continuar.

        En el medio, cruzando la frontera, bajando de una duna se les presenta de frente un Land Rover . El guía dice no se preocupen esos también van para la frontera. Pasaron y al poco tiempo el guía detiene el vehículo y se baja. ¡Hasta aquí los traigo yo!. ¡Y entonces!. “No, no. No se preocupen ustedes sigan por allí que muy cerca está la frontera”. Como fue en efecto. Los marroquíes están siempre siguiendo a los viajeros, y no los pierden de vista. Allí en el puesto de control de Marruecos les decomisan los pasaportes y todos los documentos, y esperaron unas dos horas hasta que vinieron a recogerlos. Pasaron la noche en la frontera. Al día siguiente hay que esperar hasta la noche, pues los próximos 400 kilómetros están minados y hay que esperar hasta que un vehículo militar los escolte hasta la ciudad, donde llegaron a las 3 y media de la madrugada. Ya no había posibilidad de ir a ningun lado, así que se estacionaron detrás de una bomba.

        A la mañana siguiente los despertaron los toques en los vidrios. Al asomarse se encontraron rodeados de niños. Sin darse cuenta se habían metido en la noche en un colegio. Ya a partir de allí no hubo mayores inconvenientes, estaban en territorio conocido.

EXPEDICION EN SINTESIS

  • Los vehículos rodaron 15 mil kilómetros. No se midieron las travesías caminando, ni en camello. Ni siquiera en los planos hay una relación exacta de las distancias que se recorren.

  •  
  • El costo de la expedición fue de unos 145 mil dólares. No se tiene la cifra exacta, porque no contabilizaron los  pagos ilegales, que fueron muchos. Es difícil mantener el control de gastos. Perdieron mucho dinero en la reventa del vehículo de apoyo.

  •  
  • El viaje duró 60 días, es decir dos meses

  •  
  • Consumieron unos 3.500 a 4000 litros de diesel

  •  
  • Llevaron los lubricantes PDV desde Venezuela, para realizar dos cambios de aceite

  •  
  • Legalmente lo que había que pagar por las visas eran unos 20 ó 30 dólares, pero fue mucho el dinero que se pagó ilegalmente. En Mauritania y Mali hubo que desembolsar mucho “dinero negro”, para que los dejaran continuar el viaje

  •  
  • El precio promedio del combustible era de un dólar el litro, donde pagaron los precios más altos fue en España, Mauritania y Mali. En estos dos últimos países fue tan costoso por el problema del cambio. En Mali no hay una tasa cambiaria oficial, por ejemplo y el  cambio variaba entre 400 y 600 valores de su moneda respecto al dólar. El diesel fue un poco más económico en Marruecos.

  •  
  • La carga y los pertrechos pesaban aproximadamente 1.5 toneladas.

  •  
  • Los patrocinantes fueron: PDV, Motorola, Continental Air Lines, Kodak, Osklen, Bolle, Inti, Warn, Marumen Store y otros. 
  • Atrás