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Mirada al pasado
en Museo del Automóvil de Buenos Aires

Buenos
Aires, Argentina. Especial.- Al abrigo de las inclemencias del tiempo,
en un galpón en el que antiguamente funcionara una fábrica de refrescos, la
Fundación Museo del Automóvil, guarda y vela por el mantenimiento de una
valiosa colección de automóviles que, solo por citar algunos, se extiende
desde un Dodge 1937 que fuera propiedad del embajador de Estados Unidos y
usado por Armando Maradona para su casamiento, hasta un Chevrolet Coupe TC
1939 con el que corriera Fangio en las famosas competencia argentinas de
Turismo de Carretera y un Ford A 1903 recientemente restaurado, del que solo
se hizo una serie de 500 ejemplares, siendo éste el número 338.
Este
refugio permite que los fanáticos del automovilismo puedan rememorar los más
emocionantes momentos del pasado, pues es fácil imaginar a Fangio o a
Alfredo Alvez a bordo de una de esas máquinas que mediando el siglo pasado
rugían en los circuitos o carreteras argentinas, o bien admirar los
numerosos monopostos que enriquecen esta colección.
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El Museo
del Automóvil nació gracias a la iniciativa de Luis Spadafora y de un grupo
de amantes de los “fierros” que en 1984 se reunieron para darle forma a un
proyecto que se concretó con la apertura del museo en 1999, en el número
2265 de la calle Irigoyen de la Capital Federal, en un suburbio conocido
como Villa Real, al que se llega en unos 10 minutos desde el centro de
Buenos Aires, o un poco más si se toma uno de los numerosos autobuses que
llegan hasta sus inmediaciones.
La
edificación de unos 2 mil metros cuadrados distribuidos en dos plantas más
un área al aire libre, está decorada con afiches, fotografías, rines,
volantes, cornetas y demás piezas automotrices, ocupando las lisas paredes o
los adoquinados pisos, reflejando en parte la época de antaño. En las calles
es posible ver un cauchero de Pirelli, Goodyear o General.
“La
colección cuenta con incalculables piezas, que en número de 50 se exhiben en
los espacios del museo, rotándolas cada tres meses, para de esa manera
mantener el interés de los visitantes y a la vez exhibir todo el patrimonio
de la fundación”, explica Gisela Spadafora, encargada de las relaciones
institucionales del Museo del Automóvil, y quien gentilmente nos sirvió de
guía para conocer mejor cada uno de los rincones del museo.
Entre
deportivos, coupé, descapotables, sedanes, y autos de carrera, la lista se
extiende, incluyendo Alfa Romeo, Dodge Brother 1937, Hudson 1928, Reo 1927,
Chevrolet 1932 de los llamados “lecheritos”, Rolls Royce, numerosos Ford y
Chevrolet, y viejos modelos de muchas otras marcas.
Las
anécdotas no pueden faltar. Un RollsRoyce de 1929, fue encontrado en un
gallinero y tardaron 9 años en restaurarlo. Está el primer carro de los
fundadores del museo, un Ford Street Road 1942 con motor de Torino. Están
las ruedas del Alfa Romeo con el que Oscar Gálvez se impusiera en el
circuito porteño de Palermo, así como toda una automobilia que ambienta las
escenografías, que incluyen una barbería, un taller mecánico y otros
comercios de épocas pasadas. En exhibición está un modelo a escala de un
Mercedes-Benz SSK, hecho completamente por Domingo Lombardi, un corredor de
las décadas de los 50 y 60, quien hizo todos los planos y cada una de las
piezas que componen este automóvil. Hay bicicletas y motocicletas, volantes
y rines, radiadores y cornetas, revistas y folletos, fotografías y afiches
como testimonio de un amor eterno.
En el
museo hay que dejarse sorprender por las figuras en cera de Jorge Luis
Borges y Fernando Pugliese en un Hudson 1929, y por el Hupmobile 1927 con
“cola de bote”. Los más jóvenes podrán recibir las explicaciones que se dan
a los escolares sobre un viejo automóvil para que vean el antes y después de
una restauración. En el segundo piso hay que detenerse para detallar los
expendios de una pulpería o Almacén de Ramo General de comienzos del siglo
XX y así reconocer algunos viejos productos.
Luego de
una pausa de dos meses, el Museo del Automóvil de Buenos Aires nuevamente
abre sus puertas al público a partir de este mes de marzo. La exhibición
está abierta al público los días sábados, domingos y feriados desde las 2 de
la tarde hasta las 7 de la noche, y quienes deseen una visita guiada deben
programarla a través del teléfono 4644-0828, entre lunes y viernes en
horario de oficinas.
Si en este recorrido las añoranzas y la nostalgia le aprietan el corazón, no
será nuestra culpa si como dice el tango se le “pianta un lagrimón”.
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